Hay mañanas en las que el simple hecho de ponerte en pie y salir de la habitación ya es un reto. El mío esta mañana vino en forma de un mal sueño producto del temor que me daba cerrar los ojos y aparecer sobre una mesa nuevamente, y tuve que superar obstáculos tan básicos como bañarme y colocarme la ropa. — Luces muy mal hoy —señaló lucía lo evidente. Solté un suspiro cargado de cansancio y le di la razón mientras me acomodaba el cabello bajo el toque y lo sujetaba con la horquilla. — No pude dormir nada. — Pues ojalá no te duermas durante la misa —soltó saliendo delante de mí—, la hermana Fátima te mira mucho últimamente. El camino a la capilla fue tortuoso, la luz me provocaba dolor de cabeza y hasta el aroma del humo proveniente de la quema de las hojas secas me provocó malesta

