El auto comenzó el recorrido y yo no pude evitar ver el espejo retrovisor, pero esa acción solo sirvió para aumentar mi malestar. Renata parecía preocupada y segundos despues, luego de intercambiar un par de palabras, Gianni le sujetó el rostro y besó sus labios como si con ese gesto pudiera calmarla. Aparté mis ojos del vidrio. Si, eso fue lo que el eligió y lo que vendría de allí en más. Ninguna de las noches siguientes pude borrar esa imagen de mi cabeza y cada vez que despertaba, era encolerizada, pensando en que la imbécil era yo por darle importancia a algo que no lo merecía. No lo merecía, pero ¡Dolia! ¡¡Mierda!! ¿Qué quería? ¿Quedarme en Calabria? Tarde o temprano cada uno tomaría un rumbo y yo, en la soledad de aquella nueva residencia que ni siquiera me había tomado el tiemp

