Todo el mundo les cazaria y les trataría como parias. No habia nadie que pudiera esconderse del ojo critico del Don. Leonard no se sintió muy conforme con la respuesta e inclinándose en dirección del hombre le preguntó: —¿De quien estas huyendo? —El Don—susurró—, el Don no perdona nunca. —¿Le conoces? ¿Le has visto? —Solo una vez hace un tiempo—respondió, pues pocos habían tenido ese privilegio ya que no eran tan cercanos a la casa de los Barone, solamente operaban en sus tierras y el acceso a la mansión era limitado. Sus negocios estaban afuera. —Ojos azules como el océano y su cabello es castaño claro. Tendrá un poco más de treinta años y está cubierto de tatuajes. Conoce Italia, más que cualquiera de ustedes—aseguró—. Sicilia es como su palma de la mano y Toscana, no hay rincón que

