Lo vi tomar aire con dificultad. —Sigues enterrando el mismo puto puñal. —Si te lastima, es porque es cierto. Sus ojos se apartaron y negó con dolor. Fue inevitable, sus ojos fueron caos y luego, estalló. —¡¿Piensas que lo disfruté?! ¿Piensas que no extrañé a mi madre cada maldito día despues de lo que pasó? Podria bajar al infierno si eso garantizara no hacerla sufrir más, pero decirlo en voz alta no cambiara lo que he hecho y no soy hipócrita para aceptar los daños colaterales que significó para mi mantenerme con vida. Yo perdí más que cualquiera de ellos—dijo entonces—, perdí mi vida, a mi familia y todo lo demás, pero extrañar lo que has perdido no hace más que evitar sanar y aumentar el dolor. Tu nunca has sentido lo que es perder… —No digas más… —Nunca… —¡Yo te perdí a ti!

