Mi cabeza aun no lograba asociar donde estaba. Estaba un poco perdido. Mierda. Necesitaba recordar. Usualmente perdía la memoria cuando me pasaba de tragos, pero siempre, sin excepciones, terminaba recordándolo al día siguiente una vez que el dolor se marchaba. Esperaba que no fuera la excepción. Busqué mi teléfono que no parecía estar por ninguna parte justo cuando la puerta se abrió y dejó ver a una mujer metida en una larga bata de baño color blanca. Casi caigo a bruces de la cama. ¡¿Cómo demonios había llegado allí?! Neylan secaba sus largos risos con una delicadeza casi sublime en compañía de una pequeña toalla. Me miró por unos segundos, pero no pronunció palabras hasta que estuvo sentada en el tocador y tuvo el secador en sus manos. —Si el Gianni cuerdo es un imbécil, ahora im

