Ella también tomó una para brindar conmigo, pues, aunque tenía invitados, se encargó de mantenerme a su lado para ayudarme a no sentirme perdida. Las copas estaban a segundos de tintinear en una muestra de amistad y hospitalidad, cuando el sonido de varias copas rompiéndose llamó la atención de todos. —¡Mierda! ¡Pero que estúpida eres! ¡Joder! —Maldita sea—masculló Alyssa con mordacidad volteando hacia donde estaba ocurriendo el desastre, pero ya parecía ser sabedora de quien era el culpable. Una sirvienta había dejado caer todas las copas de vino, justo cuando pasaba a lado de un hombre de atractivo ver, pero por sus palabras, todo un idiota. La mujer abandonó mi lado y se acercó a calmar la situación. Pidió a dos sirvientas más que ayudaran a su compañera a recoger todo y pareció al

