—Ni siquiera tienes pieza en este tablero. Una sonrisa burlona iluminó su rostro. —¿De verdad eso es lo que crees? Sonreí conteniendo mis ganas de lanzar el contenido de la copa en su rostro. En sus manos tenía el tatuaje de la cruz que me recordó lo que significaba para Calabria. Ella formaba parte de ese mundo por sangre y raíces. Negué con la cabeza. No pensaba arruinar la fiesta de Alissa por una provocación que en Renata ya era más que esperado. —Te estas creyendo más de lo que eres, Gurkan. La v***a que montas no te da poder. Tal vez así funcione para los turcos, pero no funciona aquí en Calabria. —Preocupate Lombardo—amenacé con la confianza firme mirándola a los ojos —. No me tomes a la ligera porque cuando menos lo esperes podrías estar perdiendo el papel que nunca has teni

