Di un trago a mi copa no sin antes levantarla hacia él. Maldito infeliz, pero yo no dudé en restregar la posición de Renata en su cara. Mi comentario fue entendido por él y por todos los demás presentes que comprendieron el doble sentido de mi filosa respuesta. Que se fuera a la mierda él y sus provocaciones… —Por supuesto—espetó amargado. —Ya que parece haber entrado a esta casa como invitada y con el pie derecho, debería honrarnos de las tradiciones de Turquía. He escuchado que no hay amigo mas hospitalario que los turcos y también que no hay mejores danzas que las hechas por sus mujeres. —Posiblemente Neylan no sea tan hospitalaria, padrino. Renata no pudo quedarse callada y también intervino para presionar. Alyssa intentó mediar todo. —No es necesario probar la hospitalidad ni l

