Renata tomó asiento. No era tan fácil. Estaba cediendo con presión y nada bueno saldría. —No perdona una ofensa. Deberías tener cuidado. Lo conozco. —Se perfectamente que es resentido. ¿Y porque lo estaban tomando a la ligera? Negó. —¿Y por qué debería ir a esa boda? No ganaré más que un anillo que ya me di cuenta de que no garantizará nada. Un titulo estará vacio, aunque claro, podría darme el lujo de rebajar a Neylan Gurkan al papel que se que juega, el de amante. No era su amante. Lo había averiguado y esa chica entendía la forma de tratar con los hombres. Era más astuta que Renata. —No hables de más. Parece ser más astuta que tu. Se da a desear. —¿Vas a decirme que no ha dormido con Gianni? Imposible que algo así no se hubiera dado. No daba crédito a tal estupidez. Se cruzó

