CAPITULO 139| CERDEÑA III-2

724 Words

El fuego no les dejaría inspeccionar, así que era mejor tomar precauciones. No tardó más de diez minutos en escuchar las lanchas recorriendo el Tirreno. Una de ellas buscó acercarse lo más posible al muelle de la residencia y entonces su teléfono sonó informando que efectivamente había algunas amarras quemadas por el fuego, lo que indicaba que una de las lanchas se había soltado y no flotaba cerca como las demás. Por lo ancho de las cuerdas de amarre detectaron que se trataba de uno de los yates grandes. Las horas comenzaron a transcurrir y los cadáveres comenzaron a apilarse. La mayor tranquilidad de todas fue que no había cadáver de mujer en ninguna parte, y eso era positivo. Sin respuestas, Barbieri tuvo que abandonar la ya vacía y destruida residencia para instalarse en Reggio, donde

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