Podía contar muchas cosas, pero no deseaba preocupar a nadie. Asentí y di una respuesta afirmativa. Estaba bien dentro de todo. Aunque me costara decirlo, mi seguridad parecía no ser algo negociable para Gianni, aunque eso significara poner su espalda contra una lluvia de balas. Eso era tranquilizador y a la vez exigía también un análisis de mi parte. Estaba siendo injusta. Daba todo y yo nada. —Estoy bien. Calabria es hermosa y aunque ahora existe mucha inestabilidad, los negocios siguen —dije—. Justamente es por eso por lo que te llamo. Como ya debes saber, Livorno estalló y hay ciertas dificultades que me gustaría… —Ona yardım etmem için mi beni arıyorsun? (¿Me llamas para ayudarlo?) —preguntó con un chasquido muy turco. Ya lo veía venir. —Evet, tabi ki o benim kocam. (Sí, es mi ma

