ARIANA, GAETA, ITALIA. El chillante sonido de un cristal roto. La fractura que años antes ya era palpable se acrecentó más con el sonido de aquella copa precipitándose al suelo. El vino se derramó sobre la tierra despues de que resbalara de las manos de una mujer que sintió el rostro palidecer cuando vio la figura del italiano de espaldas. Sus ojos se llenaron de lagrimas. Era imposible olvidar como se veía su hijo de espaldas, con esa mata de cabello castaño claro y esa espalda ancha y masculina. La sangre le abandonó el rostro. Sus tacones habían resonado en el suelo a la par que la imponente voz de su hijo recorrió como un eco desmedido que anticipaba toda una tragedia. Se quedó rígida al escucharlo y no pudo continuar, especialmente cuando notó la expresión cargada de incredulidad y

