ARIANA, GAETA, ITALIA. No podía marcharme. Gianni había lanzado todo al aire, sus emociones y se centró únicamente en su presencia como Don, cuando claramente había más cosas que decir y que dejar claras. Los ojos de todos los miembros de la Famiglia hablaban de palabras no dichas, palabras que las propias acciones de Gianni propiciaron. Martino hablaba por teléfono y mencionaba algo sobre salir lo más rápido posible de Gaeta. Nerio en cambio, mantenía una expresión seria como si lo único que hubiera deseado era disparar a Renzo, cuyo único pecado era la inocencia de volverse a ver con alguien al que alguna vez quiso con locura y seguía queriendo. Mis dedos seguían entrelazados con los de Gianni, pero en cierto punto, antes de llegar al auto, decidí romper esa conexión. A diferencia su

