Siendo el niño travieso que era, una de las cejas
de Claudia se alzó antes de que una sonrisa
curvara sus labios.
«¡Parece que tendré la oportunidad de vengarme de mamá!»
Girando sobre sí mismo, volvió al lado de su
madre y levantó la cabeza para mirarla.
-Mami, he cambiado de opinión. ¿Puedo pedir un helado de chocolate?
Natalia, que estaba a punto de pagar en la caja, se volvió para mirar a Claudia con sorpresa. Su hijo le sonreía inocentemente, su anterior desprecio no aparecía por ninguna parte.
«¿Estoy soñando? ¿Pueden volar los cerdos?»
No obstante, Natalia compró otro para Claudia y
luego les preguntó a los dos:
- ¿Adónde vamos ahora?
Desde que lanzó su marca, su tiempo libre era
muy valioso. Por lo tanto, tenía la intención de
pasar todo el día con sus encantadores pequeños.
-¡Tomemos el tren! -Silvia sugirió con
entusiasmo. Había un pequeño tren que pasaba
por la primera planta del centro comercial.
A Claudia no pareció importarle, así que se
dirigieron al tren. Pero a mitad de camino, de
repente dejó de moverse y dijo:
-Mami, tengo que ir al baño.
-De acuerdo, ve entonces. Te esperaremos en el
tren -aceptó Natalia sin pensarlo mucho.
No le preocupaba en absoluto mandarlo solo al
baño. A diferencia de la mayoría de los niños de
su edad, Claudia siempre tuvo una excelente
memoria y era increíblemente independiente.
Los baños del centro comercial estaban situados a bastante distancia del tren, y Claudia lo sabía.
Esa era la razón por la que decidió dirigirse al
baño en ese momento.
Caminó un poco antes de torcer el cuello para
comprobar si su madre le estaba mirando.
Satisfecho de que ella no miraba en su dirección, se dio la vuelta y corrió hacia la boutique que vio antes.
-Envuélveme esto. Ese también.
Mientras tanto, Jazmín seguía ojeando la ropa de la tienda de alta gama.
Como era una clienta muy importante, las
dependientas estaban ocupadas atendiendo
todas sus necesidades y pedidos. Estaban tan
ocupadas que nadie se dio cuenta de que un niño había entrado en la tienda con un cucurucho de helado en la mano.
Justo en ese momento, la atención de Jazmín fue captada por un largo vestido de noche color
lavanda. Tenía un profundo escote y una gran
abertura. El vestido estaba diseñado para abrazar las curvas de la mujer en los lugares adecuados y acentuar sus mejores rasgos, convirtiéndola en el centro de atención. Contemplando aquel vestido, ya podía imaginarse lo llamativa que se vería con él.
Además, resultaba que había una cena a la que
tenía que asistir con Hugo unos días después. Por lo tanto, era una oportunidad para mostrar su seductora figura, y no se la perdería por nada del mundo.
«Si me pongo ese vestido, Hugo se enamorará de mí. Es imposible que se lo pierda».
Con ese pensamiento, Jazmín se apresuró a
ordenar a una de las vendedoras que se lo trajera, ya que no podía esperar a probárselo. Al mismo tiempo, Claudia se paseaba por la boutique, buscando a Jazmín. Al cabo de unos minutos, la vio entre el mar de vestidos.
Para entonces, Jazmín ya se había puesto el
vestido de noche. En ese momento se estaba
admirando en el espejo, sin darse cuenta de que
el niño estaba detrás de ella. Al recordar lo
grosera que había sido esta mujer con su madre, Claudia sintió que la rabia se apoderaba de él. Sus cejas se fruncieron al pensar
en ello.
Mientras ella estaba distraída, él se acercó
sigilosamente y se detuvo a la distancia justa de
ella.
Entonces, levantó la voz y gritó:
-¡Señora, su vestido es tan bonito!
El repentino grito procedente de la espalda de
Jazmín la sobresaltó.
Instintivamente se giró para mirar. Por desgracia para ella, su rápido y brusco movimiento hizo que el dobladillo de su vestido de noche chocara con el cono de helado que tenía Claudia en la mano.
Rápido de reflejos, Claudia aprovechó la
oportunidad para soltar el cono.
¡Plop! El helado salpicó el vestido de Jazmín,
manchándolo al instante con una enorme mancha de color marrón.
-¡Mocoso! -gritó Jazmín con furia cuando su
amado vestido quedó arruinado. Sin embargo,
cuando miró más de cerca al chico que tenía
delante, se quedó totalmente anonadada.
«¿No es el hijo de Natalia? ¡Qué pequeño es el
mundo!»
¡Lo siento mucho, señora! No era mi intención
ensuciar su vestido. -A pesar de la disculpa que
brotó de los labios de Claudia, no había ningún
indicio de remordimiento en su rostro.
Por el contrario, fruncía el ceño con los labios
apretados. Le daba un aspecto inquietantemente parecido al de Hugo. Apretando los dientes, Jazmín se obligó a dejar de lado su enfado y esbozó una sonrisa amistosa. Respondió en el tono más suave que pudo:
-Está bien. Sé que no lo has hecho a propósito.
Mirando a la mujer que tenía delante, Claudia se
sorprendió de que Jazmín pudiera seguir
sonriéndole después de lo que había hecho. Su
plan original era cabrearla tanto que se avergonzara en público.
-¡Pero si te he estropeado el vestido! ¿No estás
enfadada? -Tomó una hoja del libro de Silvia y
abrió los ojos, parpadeando inocentemente a
Jazmín.
Se aseguró de parecer tan inofensivo e inocente
como pudo. Al fin y al cabo, tenía que interpretar
el papel a la perfección.