Por un momento creo que me he vuelto loca y siento que todo lo ocurrido solo pasó en mi mente y que la coincidencia y la sensación que invadió mi cuerpo en el avión, fue solo cosa mía, intento simplemente ignorar todos mis pensamientos y con una sonrisa que en verdad me cuesta mucho trabajo, saludo a John. Se su nombre porque mi madre antes me lo había mencionado, y pienso —”Si tan solo lo hubiera visto antes, como mi madre me lo pidió”.
John se acerca lo suficiente a mi, y percibo su aroma, mi mente se vuelve en mi contra y solo puedo pensar que no me equivoco, es el mismo aroma que percibí en el avión.
Imagino, si mis, pensamientos serían distintos si yo hubiera conocido a este hombre como mi padrastro y no como un hombre atractivo, que me miraba con deseo.
John me toma de los hombros con su manos, y siento el calor de sus palmas sobre mis hombros desnudos, el aire se me escapa, lo miro fijamente y este besa mi mejilla, su labios rozan mi piel, y los sonidos no salen de mi boca.
—Esto no puede estar pasando —me digo para mis adentros.
Todo parece lento, mi visión está borrosa, su aroma embriaga mi olfato y la sirvienta está parada ahí. Inservible. No sé da cuenta, de que estoy a punto de desmayarme.
John me suelta de su agarre y esa sensación de muerte, se desvanece —necesito escapar de él, necesito alejarme de prisa —me digo para mis adentros.
—¿No te acuerdas de mí? —las palabras salen de mi boca tan fluidas que ni yo misma lo creo.
—No. Tienes un rostro difícil de olvidar —la sirvienta lo mira y este carraspea —quiero decir que eres muy similar a tu madre, te reconocería de haberte visto antes —dice y yo solo agachó la mirada, no se que pensar.
—Disculpa por no preguntar tú nombre —musito, dirigiendo mi mirada hacia la muchacha.
—Señorita mi nombre es Marcela —responde con una sonrisa y la miro fijamente, intentando que no me afecte la presencia de John.
—¿Dónde dormiré? —Cuestionó. Pero está vez siento como mi voz titubea.
—Acompáñeme le muestro —me sugiere Marcela y simplemente bajo la mirada y paso a un lado de John con cierta dificultad.
—Bienvenida Olivia, es un placer tenerte aquí —John me grita, mientras subo las escaleras detrás de Marcela.
Me apoyo del barandal, y si no fuera por qué se que estoy sana. Juraría que estoy a punto de sufrir un infarto.
Marcela me mira con cierta nostalgia, es como si ella supiera lo incomoda que me siento, aunque no sepa el porque, me da instrucciones de dónde está cada puerta, cada cajón y de que debo hacer para pedir comida, incluso me dice que si tengo dietas de algún tipo que se las haga saber para que preparen mis alimentos, la cuestionó por sus indicaciones y ella me responde que todo es orden de mi madre, que ella se ha asegurado de que yo sea acogida y que tenga todas las comodidades, le pido que me deje sola.
Me siento sobre la cama y pareciera que por fin el peso cae por completo sobre mis hombros, sé que soy una tonta por pensar lo que pienso y sentir lo que siento, pero al mismo tiempo me digo a mi misma –debo encontrar la forma de olvidarme de todo esto, son solo ideas en mi cabeza.
Me tumbó sobre esta y miró el techo blanco y el candelabro justo arriba de mi rostro, colocó mis manos sobre mi abdomen y de forma involuntaria, comienzo a acariciarme la zona de mi ombligo.
Cierro los ojos y comienzo a bajar hasta mi pelvis y en mi cabeza solo está la imagen de John, con esa mirada que me lanzó en el aeropuerto, mis oídos se ensordecen.
Llevo mis dedos hasta mi entrepierna, y comienzo a rozar mi piel sobre la tela de mi ropa, un calor invade mi cuerpo, se que debo parar pero mis manos no responden.
En mi mente pronunció su nombre o tal vez, lo digo en voz alta, no estoy segura —John. —Si. Soy yo, ¿puedo pasar? —escucho la voz a través de la puerta y reaccionó enseguida, me incorporó sobre la cama.
—¿Qué ocurre? —respondo mirando la puerta imaginando su silueta detrás de esta.
Mi respiración está agitada me siento como una tonta –”Y si me escucho, y si sabe lo que estaba a punto de hacer, Dios, si existes ayúdame no sé qué me está pasando” —digo para mis adentros.
—Tengo que salir, solo quería saber que todo estaba en orden, y también avisarte que tú madre adelantó su vuelo, llegará está noche —replica John y me quedo en silencio por algunos segundos.
—De acuerdo, gracias —gritó esperando que se aleje.
Este no responde y entiendo que se ha ido, tal como me había anunciado.
Me pongo de pie y desisto, de mis estúpidas intenciones, me dirijo al baño abro la llave de la ducha y observó cómo la bañera comienza a llenarse.
Me quedo frente a la bañera por algunos segundos y salgo de la ducha, abro los cajones de un mueble blanco que está frente a la cama, y miró mi imagen en el espejo que está sobre este mueble.
Elijo la ropa que me pondré, camino hasta el closet, busco un par de toallas, y sonrió al saber que mi madre al menos se ocupó de tener todas mis cosas en orden antes de que yo llegara.
Entro nuevamente a la bañera y dejo las toallas sobre un estante, me desnudo por completo. Y siento el agua caliente sobre mis pies, me quedo de pie algunos segundos y por fin entro en la bañera, cubriendo mi cuerpo.
Pienso en que todo esto es una pesadilla, y que cuando mi madre llegue le pediré que me deje vivir sola.
…
Después de cambiarme de ropa, busco en mi maleta mis audífonos, los pongo sobre mis orejas y me recuesto. De alguna forma me siento más tranquila, tal vez necesitaba una larga ducha para calmar mi locura.
Mis ojos comienzan a cerrarse, el viaje me tiene agotada y siento la necesidad de dormir profundamente.
…
Mis ojos se entreabren con dificultad, la luz del sol ya no está en mi habitación, la noche ha llegado y mi habitación está en completa oscuridad.
Me pongo de pie, y me quitó los audífonos, los lanzó sobre la cama y dejo mi celular sobre el mueble blanco con espejo, acomodo mis cabellos rojizos, y decido bajar, mi estómago hace ruidos, muero de hambre.
—Marcela, Marcela Marcela —repito el nombre de la muchacha, y sale detrás de la escalera, dónde supongo que se encuentra la cocina, mientras bajo con calma peldaño a peldaño.
—Quiero comer, ¿me puedes dar algo? —cuestiono a Marcela, quien me esboza una sonrisa y por su mirada estoy segura de que es genuina.
—Por supuesto señorita, vaya al comedor, le sirvo en un momento —responde y miro hacia ambos lados, evidenciando que no conozco nada de este lugar.
Marcela me sonríe de nuevo y me indica que al final del pasillo, se encuentra el comedor.
Caminó con cautela como actriz de película mala, esperando no encontrarme con algún demonio, cruzó el corredor y encuentro al fin el salón donde está el comedor.
Es ostentoso y lujoso, tal y como a mí madre siempre le ha gustado vivir, me siento en una silla y frente a mi se encuentra un muro de cristal que me da una vista espectacular del jardín.
Marcela llega con una charola y me coloca cubiertos, una copa de agua, y me indica que en un momento me traerá alimentos.
Escucho voces al final del corredor e intuyo que es mi madre. Me levanto de prisa y avanzó por el corredor, está vez con sigilo, y sonrió al ver a mi madre.
La paz ha vuelto a mi cuerpo, la observó besar y abrazar a John y no siento nada, —Tal vez solo fue eso, una pesadilla —me digo para mis adentros.
—Mamá. —digo en voz alta y con sorpresa.
—Olivia Winston, mi preciosa hija por fin estás aquí —dice mi madre, mencionando el apellido de mi padre.
Y se muy bien por qué lo hace, detesta que no haya querido utilizar su apellido, sino el de mi padre.
Me acerco hasta ella y la abrazó, después de todo amo a mi madre, y se que ella a su manera también lo hace.