Ginevre
Él auto se detiene cerca de mi casa y le doy una rápida mirada a Domenico, él me sonríe mientras me entrega una pastilla y una botella con agua.
— Gracias por todo.
Digo mientras me tomo la pastilla y es que anoche noto que su condón se había roto y es mejor que no salga embarazada de un desconocido y menos en mi primera vez.
—Volveremos a vernos.
Dice y lo suyo no es una pregunta, es una promesa oculta, una que con gusto aceptaré.
—¿No quieres mi número? —cuestionó mientras abro la puerta del auto.
—Ya se donde vives picolla.
Él se acerca antes de que yo pueda salir y deja un beso en mis labios, gimo sobre su boca y el aprovecha para así poder adueñarse de mis labios.
Cuando nos separamos todo mi cuerpo late y arde, y estoy dispuesta a dejar que me haga suya nuevamente, sin importar que me duela.
—Hasta luego Domenico.
Me despido y salgo del auto para luego cerrar la puerta, el auto no se mueve hasta que me adentro en mi casa y una sonrisa estúpida se forma en mis labios.
Joder .
Perdí mi virginidad.
Con un desconocido.
Pero fue lo mejor que pude hacer en mi vida.
Me adentro en los pasillos de mi casa y subo las escaleras, en casa no hay nadie, son pasadas las diez de la mañana, además todos deben de estar trabajando; Mamma y papà en el restaurante y mi hermano seguro está....
—Ginevra.
La voz autoritaria de mi hermano detiene mis pasos y levanto la cabeza para verlo, sus ojos marrones al igual que los míos, me observan con sospecha y me encojo, no es que mi hermano me golpeé, pero en ocasiones da miedo.
—Carlo.
—No creas que no se que no dormiste en tu habitación anoche.
— Estuve con unas chicas de la escuela.
Miento, no le diría que estaba perdiendo mi virginidad, con un hombre que conocí anoche en su bar.
—Bien. —asiente—Ya casi estás en edad para casarse.
Ruedo los ojos, aun sin creer que mi familia acepte los matrimonios concertados, Pero somos una pequeña familia italiana, no podía esperarme más.
—Carlos, por favor estoy cansada.
Él me mira por un momento, luego asiente en dirrección a mi habitación, camino con pasos lentos para esconder mi cogerá, cuando entro en mi habitación, me arrojó sobre mi cama con los músculos relajados y mi cuerpo sintiéndose más que feliz.
Y todo gracias a Domenico.
Y ahora que lo pienso bien nunca le pedí su apellido.
— Estúpida.
Me regaño mientras me pongo de pie y me desvisto para tomar una ducha; Los pensamientos de aquello que paso la noche anterior rondan mi cabeza y siento mi cuerpo arder, pero se que con certeza mi vida no volverá a ser la misma, no después de anoche.
Tomo una ducha rapida y me visto con un pantalon de pijama y una gran camiseta, salgo de mi habiatcion y me dirijo hacia la cocina cuando voces provenientes del despacho de mi pade me detienen.
— Lo mas posible es que la terminen asesinando. —se escucha la voz de mi padre, ¿De que o sobre quien estan hablando?, trato de moverme pero mis piernas no me lo permiten— ademas Di lustro, esta aqui y su hermana en roma.
—Él la quiere muerta. —esa es la voz de mi hermano—, pero si asi es ginevra sera su esposa.
Aunque no me sosprenden su palabras, si me impactan un poco, ya que es muy pronto para que yo me case, ademas debo darle una oportunidad a domenico, porque mi papá y mi hermano me prometieron que si conocia al hombre indicado, a ese que me amara, no concertarian un matrimonio para mi, aunque no sabia si domenico era ese hombre. porqué, vamos, a penas lo habia conocido la noche anterior.
Dejo la conversacion de mi hermano y mi padre y me dirijo hacia la cocina donde escucho a mi madre hablar por telefono, ¿porqué todos estan en casa hoy?, dios es bastante extraño, ya que mi hermano siempre esta en uno de sus clubes y mis padres dirigiendo los restaurantes familiares.
—No se porque le dan tantas oportunidades —la voz de mi madre esta mas que tenza— Dios, deberian haberme dejado educarla, anoche no llego a dormir a casa ¿Puedes creer tal barbarie?. En mis tiempos mis padres no me permitían hacer tales actos.
Parece que al otro lado de la linea alguien dice algo gracioso porque ella rie, me doy la vuelta, no necesito seguir escuchando como mi propia madre despotrica sobre mi. Aún que duele pero no como antes, cuando me insultaba en la cara, siendo tan solo una niña, una que solo queria el amor de su madre, pero todo en esta vida es por algo y se que mi madre no me odia, ella no lo haria, sino ¿porqué me trajo al mundo?, aunque en ocaciones pienso que lo hace y que solo quiere a mi hermano.
—Ginevra. — la voz de mi padre me hace detenerme, me doy la vuelta para encararlo— ¿Todo bien picolla?
Asiento, sintiendo que es mejor que vuelva a mi habitacion y que no provoque que nadie se incomode con mi presencia y mucho menos mi madre, no sabiendo como es.
—No te ves bien —mi hermano aparece a espaldas de mi padre — ¿Necesitas algo?
Su tono de voz es precavido, como si fuera una muñeca de cristal y con cualquier pequeño soplo de viento fuera a romperme en trozos, pero no es asi, yo soy fuerte, pero eso no quiere decir que no me duelan las palabras de mi madre, porque ella es mi madre y la necesito, ¿Cierto?, ¿O es solo la falta de atencion femenina la que me vuelve tan debil y necesitada de afecto?, tal vez es eso. La mirada de mi hermano y mi padre es preocupada.
—Estoy bien. —la mentira sabe amarga en mis labios, pero no puedo decirle las cosas que me ha hecho mi madre, eso sería egoista y no quiero lastimarlos, porque si ellos sufren yo voy a sufrir el doble, porque ellos son mi razón para todo— ,solo es el estrés de la universidad.
Si en ese momento hubiese sabido que mis aciones traerian concecuencias mas grandes que yo, y que las mentiras que dije les afectaría mas a ellos que a mi, no hubiese hecho nada de lo que hice.