Katerina pone la taza sobre la mesa con brusquedad, salta de la silla con nerviosismo y corre fuera de la cocina. —¡¿Qué crees que estás haciendo?! ¡¿Te has vuelto loco?! —Ella mira por todos los lados alterada y temerosa. Este, en cambio, la observa como si de una loca se tratara. —Oye, ¿estás bien? Perece que vas a colapsar en cualquier momento —comenta de lo más natural mientras cierra el grifo conectado a la manguera. —¡¡Tápate!! —Ella se aprieta el cabello por la frustración bajo la atenta mirada de él, quien luce confundido. —No tengo con qué taparme. Ella lo agarra por el brazo y lo regresa adentro de la casa a rastras. —¡Ven conmigo! —Claro que sí, cariño; contigo iría hasta al mismo infierno si me lo pides —contesta con flirteo. —No coquetees conmigo. —¿Por qué? —Él acerc

