Valentina yacía en su cama de hospital, feliz junto a Alexander y Octavio, seguía conectada a los monitores y cables que parecían formar parte de su nuevo mundo, su rostro reflejaba cansancio y preocupación, pero también una chispa de esperanza le daba alegría, había pasado días desde su operación que la dejó en un estado muy crítico y cada día se aferraba a la idea de una pronta recuperación, pero el miedo a perder la vida le aterraba. En ese momento, la puerta de la habitación se abrió lentamente, revelando a dos figuras familiares. Remigio y Matilda, sus padres, entraron con cautela, sus rostros llenos de angustia y amor, Valentina sintió un nudo en la garganta al verlos, pero también una sensación de alivio al saber que estaban allí y no estaba sola en esta difícil situación. — ¡Papá

