Alicia llegó al hospital, todavía con el recuerdo de la tienda dando vueltas en su cabeza. La entrada estaba silenciosa, pero la presencia de Mael los recibió de inmediato, firme y severa. —¿Dónde estabas? —preguntó, con la voz dura, los brazos cruzados, como si pudiera detener el tiempo con la mirada. —Fuimos a dar una vuelta —dijo Alicia, intentando sonar amable y tranquila. —¿Dar una vuelta? ¿En este lugar? —su tono se volvió más rígido—. Señorita Althen, este hospital no es seguro. Podrían pasar muchas cosas y no quiero problemas con su familia. Alicia tragó saliva, tratando de calmarse. A pesar de su severidad, necesitaba esa firmeza. —Lo siento —dijo con voz mesurada—. No volverá a pasar. Mael permaneció estático, los ojos fijos en ella. —¿Qué hiciste? —Nada. —¿Qué fue lo qu

