Para el mundo entero, Loren Van Halow era un tipo excéntrico y poco agradable. Para Aron, era una persona imposible de comprender. Desde sus acciones poco racionales, hasta su estúpida amabilidad.
Justo como ahora. ¿Por qué lo salvó? La vida de Aron estaba en juego; cualquier persona lo hubiera dejado caer, pero Loren se lanzó a rescatarlo.
—Aron, pensé que estarías feliz de estar con vida.
El agarre se intensificó. Aron presionó más el cabello de Loren hacia atrás.
—¿Quieres que te agradezca? Si vas a echarme en cara que me ayudaste, hubiera sido mejor morir.
El bonito rostro de Loren se puso rígido.
—Deja de decir tonterías.
—¿Tonterías?
Aron ladeó el rostro hacia otro lado. Por el ceño, Loren podía notar cómo su rostro se volvió sufrido.
—¿Quisiera saber qué te aqueja, Aron?
—Nada me aqueja.
—No lo parece. Sin importar lo que haga, siempre te molestas. Es solo conmigo, al parecer.
Aron vio cómo esta vez fue Loren quien ladeó el rostro con resentimiento. Ojalá tuviera un manual para comprenderlo.
—De acuerdo. —Aron soltó el agarre de los mechones de Loren—. Te agradezco por salvarme.
Loren, con una mirada rígida, cuestionó:
—¿Solo eso? ¿Un “gracias” y nada más?
Aron, que estaba dispuesto a olvidar el tema, se detuvo.
—Ahí vas. Jamás haces nada gratis. ¿Ahora qué deseas de mí? ¿Cancelar mis vacaciones? ¿Divorciarme? ¿O quieres que renuncie a mi puesto?
Había muchas razones por las cuales Aron podía pensar de esa manera, y Loren lo sabía. Durante años, ese había sido el método de Loren para controlarlo.
—Está bien, no quiero nada.
Nuevamente esa forma rígida de responder, como si fuera Loren quien debía estar enojado y no Aron.
—Si quieres algo, solo dilo. Me estresa tu hipocresía.
Loren, que había estado tumbado en el suelo, levantó su cuerpo a la altura de Aron y sostuvo su brazo ejerciendo fuerza.
—¿Hipocresía? ¿Cuándo he sido hipócrita contigo, Aron? Aquí el único irracional eres tú. Me lancé al vacío, me fracturé las costillas para evitar que recibieras de lleno el choque al caer, y lo único que obtengo es un “gracias”.
—¿Y qué debo decir?
—No sé, Aron. Si te lo digo, pierde importancia. ¿No crees? Pero qué se puede esperar de alguien tan insensible como tú.
—¿Me dices insensible tú… a mí?
Ambos se quedaron mirándose por unos segundos antes de que Loren chasqueara la lengua con fastidio. Era imposible hablar con él.
Para ser sincero, al menos esperaba que Aron se conmoviera un poco. Aron solía recalcar que Loren era un bastardo. ¿Realmente lo era? Podía contar con los dedos de la mano las veces que había demostrado lo contrario.
Tal vez no era perfecto, tenía sus propias formas de actuar, y cuando algo no le agradaba, se encargaba de destruirlo. Pero con Aron era, por decirlo así, diferente: siempre intentaba seguirle la corriente.
Cuando Aron comenzó a fastidiarse con seguir en los registros de la fortaleza, Loren, bajo presión, incluso aceptó reemplazar el apellido Black con Ixel.
Aron había llegado a la fortaleza como un acuerdo entre Ahmad y los Van Halow. No podía simplemente irse. La manera más fácil era reemplazarlo con alguien de su mismo estatus; en ese caso, su hermano menor era la persona más adecuada.
Todo eso lo había hecho Loren con la intención de liberar a Aron. Sin embargo, como siempre, Aron se había adelantado y había confundido las cosas. ¿Cómo era que, ante sus ojos, siempre Loren era el malvado?
Cuando Loren intentó explicarle, simplemente recibió críticas de su parte. Para Aron, Loren solo era un promiscuo sin fundamentos. Aunque Loren le había dado una respuesta sincera: “Lo hago por un amigo”.
Simplemente, Aron no le creyó. Para Loren, Aron era su amigo, una persona que había estado con él desde que tenía memoria.
Valoraba su amistad más que cualquier cosa y, justo por eso, siempre tuvo cuidado de jamás cruzar una línea con él.
Pero realmente, ahora sentía que esas líneas se habían comenzado a borrar desde hace años.
—¿Podemos no discutir, Aron? No estamos en condiciones.
A Aron le costó un poco olvidar el tema; simplemente tuvo que respirar grandes bocanadas de aire para relajarse lo suficiente.
Cuando por fin logró mantener el temple, se volteó hacia Loren.
—¿Qué es este lugar?
Aron miró a los lados.
—Una cueva. Cuando caímos ya estabas desmayado. Te hundiste, me sumergí para ayudarte y la corriente del fondo nos arrastró hasta aquí.
Si había una corriente, era imposible salir nadando. Había un túnel a su derecha, pero era angosto; no cabrían. Solo quedaba una salida: arriba.
La poca luz que había provenía de un hoyo en el techo de la cueva.
Era bastante grande, pero demasiado alto. Aron se dejó caer nuevamente sobre el suelo arenoso de la caverna.
—Tienes un dispositivo en el cuerpo. Nos vendrán a rescatar.
Loren asintió. Ya lo había supuesto. Solo podían rezar que así fuera.
Loren vio cómo el cuerpo de Aron tiritaba de frío. Intentó ignorarlo, pero era casi imposible teniendo en cuenta la temperatura de la caverna.
—Ven a acostarte.
Aron se estremeció.
—¿Qué cosa?
—Aquí la temperatura es muy baja. Está por anochecer y pronto descenderá más.
Aron lo miró con fastidio. Sin embargo, trastabilló arrastrando su pierna adolorida.
—Si me tocas, te mato.
Loren arqueó una ceja.
—¿Qué crees que soy?
—Un jodido pervertido de cuarta.
La comisura de sus labios se curvó.
—Necesito estimulación para ser un pervertido. Intenta no moverte.
Aron sintió un ligero cosquilleo en la nuca. Se puso de espaldas a Loren; sus cuerpos tenían que tocarse para que se calentaran por igual. Cuando Loren sostuvo la cadera de Aron y lo impulsó hacia atrás, la espalda de Aron se arqueó y su trasero rozó algo rígido. De inmediato, se incorporó ignorando el dolor de su brazo y piernas.
Loren lo miró como si fuera un extraño.
—¿Y ahora?
El rostro de Aron se había vuelto carmesí. Se cubrió con las manos como si intentara ocultar su vergüenza.
—Tu v***a me está tocando.
Loren abrió los ojos con asombro, después rió risueño.
—¿Y? No puedo cortármela.
Aron lo miró con enojo.
—Contrólala o, al menos, baja esa cosa.
Aron la miraba como si fuera una tercera pierna.
—Hace frío, Aron. No se bajará. Solo ignórala.
—Claro que no. No podré dormir.
—No seas dramático, tampoco es como si fuera a meterla en tu agujero. Además, has dormido bien estos días con ella entre tus muslos.
—¿Qué cosa?
Aron no cabía en sí mismo. Cómo Loren era capaz de decir tantas estupideces y permanecer imperturbable.
—Lo que escuchaste.
—Por nada del mundo la pondrás en mis muslos, jodido depravado.
Loren soltó una carcajada. Sus mejillas se calentaron de la risa. Solo quería joder un poco a Aron; no esperaba ver ese bonito rostro asustado.
—Puede que me haya frotado contra tus…
—¡Ah, cállate!
Aron le cubrió la boca.
—Cierra la boca o te mataré, Loren.
Ambos de frente, sus miradas fijas en el otro. Loren alzó su mano y la colocó en la espalda baja de Aron, atrayendo su cuerpo hacia el suyo.
—Deja el dramatismo, solo era una broma. Jamás te tocaría con malas intenciones. No a ti.
Lo dijo con una voz tan suave que parecía acariciar los oídos de Aron.
—Solo duerme, debes descansar para recuperarte.
Mientras decía eso, dejó caer su cuerpo hacia atrás. Aron cayó con él al suelo de la caverna. Loren comenzó a descender hasta que su rostro quedó acurrucado en la clavícula de Aron. No sabía cómo lo había hecho, pero realmente ya no sentía la erección de Loren por ningún lado.
—¿Descansar? Acabo de despertar.
Los ojos de Loren ya estaban medio cerrados.
—Eres tú quien debe dormir.
—Hace frío. Sin tu calor no dormiré.
Aron miró al techo de la caverna. Realmente no sabía qué estaba haciendo.
CONTINUARÁ