La puerta sonó. Rubí se movió incómoda. No sabía como comportarse ante Aron. Cuidado y el canciller ya le había dicho sobre la discusión que habían tenido ambos. Se sentía impaciente y preocupada. Se regañó a sí misma, ¡Por qué no podía mantener la boca cerrada! Que tan difícil era eso. Ahora tenía miedo de que sus imprudencias le causarán problemas a Aron.
Sus manos inquietas se frotaban una contra otra ansiosa.
Cuando Aron apareció en el umbral, Rubí caminó hacia él.
—Aron ¿Podemos hablar?
Rubí vio como Aron puso un rostro apático. Era como si expresará mil emociones de disgusto.
—¿Paso algo? Me dijeron que te fuiste y que parecías enojada.
Rubí se quedó en silencio.
—Si Loren fue irrespetuoso, perdónalo, suele ser fastidioso cuando se trata de estos asuntos.
Rubí se quedó helada. ¿No lo sabía? Rubí soltó un suspiro lleno de alivio como ninguno. No quería que Aron se diera cuenta de su personalidad pasiva-agresiva.
Aron se quedó esperando que, como todos los demás Rubí, estallará en gritos y quejas de Loren, pero por alguna razón, rubí solo le sonrió angelicalmente.
—No, no pasó nada. Me sentí un poco agobiada, por eso me fui.
Aron ladeó la cabeza con extrañeza, rubí ya estaba preparada para otra excusa si era necesaria, pero no fue necesario. Aron solo lo ignoro y olvidó el tema rápidamente.
—Lo siento, no cocine, no te esperaba tan temprano.
Aron vio la casa a su alrededor. Bazari era fresca en comparación con los demás estados, pero seguía siendo parte del airoso Halow. La arena y el polvo cubrían cierta parte de los muebles.
Aunque rubí cocinara, los quehaceres de la casa se le complicaban bastante.
—Tranquila, iremos a cenar afuera.
—En serio.
Rubí se alegró enseguida cuando Aron le volvió a confirmar.
—¿A dónde iremos?
—No es muy lejos, es solo una cena entre amigos.
En cuanto dijo eso, el entusiasmo de rubí comenzó a decaer. Pensó que solo serían ambos. Sin embargo, no podía negar que le alegraba la idea de alejarse de la cocina. Rubí se puso un vestido rojo con unos zapatos altos. En cuanto Aron la vio, sintió ganas de burlarse.
¿A dónde esperaba ir con ese atuendo? En cierta forma era su culpa por no especificar. No podía ser tan poco amable al pedirle que se cambiara. En comparación de ella, Aron llevaba un atuendo elegante, pero al mismo tiempo sencillo.
Un auto-yep los llevo hacia el centro de Bazari, ahí en la colina se encontraba un invernadero de cultivos. Era la primera vez que Rubí veía uno tan de cerca.
En cuanto entraron se escucharon risas. Rubí amargo el rostro al reconocer la voz de Henry.
—¡Oh llegaron! —una voz desconocida apareció.
Un bello hombre de cabellos rojizos apareció frente a ella, era incluso de estatura más bajo que ella, sus facciones tan bellas y delicadas, Rubí, sintió que estaba frente a un extranjero.
—Tú debes de ser Rubí. Yo soy Marzon.
¿Marzon? Recordaba ese nombre, este bello y delicado chico era esposo de Henry.
—Mucho gusto.
—Espero sea de tu agrado este lugar, yo mismo cocine cada cosa sobre la mesa.
Había un banquete como ninguno. Aron y Henry parecían distraídos en su mundo.
—Déjalos, deben de estar hablando de mañana.
—¿Mañana?
Marzon le sonrió con delicadeza.
—Sí, el canciller irá a supervisar la construcción del ferrocarril de carga en Dilsan.
—¿Dilsan? ¿Es muy lejos?
Fue entonces que Marzon lo comprendió, había metido la pata hasta el fondo.
—Bueno, sí.
Rubí miró hacia Aron. No le había mencionado nada.
—No te preocupes, es algo reciente, yo lo sé por qué conozco muy bien al canciller.
Solo de recordar al canciller, rubí no podía evitar sentirse enojada.
—Ese hombre es un fastidio.
Lo murmuró, pero Marzon la escucho.
—Sí, tienes razón. Ya te dio la entrevista.
—¿Entrevista? Él e insulto.
Viendo el rostro sonriente de Marzon, rubí le preguntó.
—También fue así contigo. Aron dijo que siempre hace lo mismo.
Marzon asintió.
—Creo que fue un poco más dócil conmigo, pero he visto a muchos salir de esa oficina llorando.
—Ya lo creo. Y tú, ¿Eres su pariente o algo?
—No, crecí con él, al igual que Aron y Henry.
—¿Eras un consorte?
—Sí.
—Sé que puede ser fastidioso, pero tiene sus méritos. Es un poco meticuloso con las tradiciones, pero te aceptará con el tiempo. Yo te ayudaré a aprender las costumbres.
Rubí se alegró al escuchar eso. Al comienzo le enojaba, pero después de pensarlo, si quería quedarse junto a Aron debía adaptarse y si eso implica tomar las costumbres eso haría.
—Te lo agradecería. Estoy un poco perdida. No puedo caminar a su lado, no puedo heredar su apellido, debo agradarle al canciller, al parecer todos me odian.
—Es por qué te casaste con un Hole. Es normal.
—¿Hole? ¿Qué es eso?
—No te explicó Aron. Un Hole es un rango muy importante. No solo es un guardia, es el que guarda el territorio y los bienes.
—No lo comprendo.
Marzon intento buscar en su cabeza una manera de darse a entender.
—Bueno, imagínatelos como segundos al mando. Cuando Loren Van Halow no está presente, ellos son quienes guardan y protegen el territorio.
Rubí lo comprendía y al mismo tiempo no. Pensó en preguntar más, pero Henry apareció por detrás abrazando suavemente a Marzon.
—¿Ya vamos a la mesa amor?
Rubí desvió la mirada, no quería sentir celos de nadie. Ese afecto solo sucedía en sus sueños. Caminó hacia Aron y con los brazos cruzados lo interrogó.
—¿Cuándo me dirías que viajas mañana?
Aron de pronto reaccionó. No estaba acostumbrado a darle explicaciones a nadie. Ahora, con una esposa, no podía acostumbrarse a informar sus planes.
—Disculpa, no quise mantenerte en la ignorancia, solo lo olvidé.
Rubí suspiró, Aron era muy transparente, aquella mirada delataba la verdad en sus palabras.
—¿Cuánto tiempo estarás por fuera?
—Dos días. Regresaremos para la fiesta.
—¿Qué fiesta?
Aron nuevamente puso ese rostro de “olvide mencionarlo”
—El cumpleaños de Myli Van Halow.
Oh, era una celebración importante.
—Sé que todo esto es nuevo Aron, pero me gustaría que estemos informados de las actividades del otro.
—Lo sé.
Suspirando y tomando aire, Rubí se relajó un poco más.
—Al menos estamos invitados a esa fiesta.
—Sí, irás conmigo.
Rubí con una mirada llena de expectativa indagó.
—Estarás como invitado o trabajador.
—Espero aspirar a ambas cosas.
Rubí soltó una risa genuina. A Aron lo explotan laboralmente. Lo peor del caso es que era el mismo Aron quien se explotaba laboralmente. No podía culpar a nadie por esa cabeza dura.
—Está bien, me conformo con eso.
—¡Aron!, vengan a comer.
Rubí quiso ignorar por completo el disgusto de que su esposo estuviera solo por dos días con el canciller. Ahora, más que nunca, se arrepentía de haber desafiado al canciller. No sabía que tantas cosas podrían pasar en esos dos días.
CONTINUARÁ.