parte 12

1243 Words
Subieron tres cargas a la aeronave. Aron, ojeo la hoja de papel en sus manos; solo faltaban tres cargas más. El proyecto en el que el canciller estaba trabajando era un ferrocarril que se extendía kilómetros de desierto adentro. Era una ruta que ayudaría a la expansión de su territorio. Una ruta que ayudaría al comercio y el turismo. —Aron, ¿Qué haces? Henry lo miró confundido. —Ayudar —. Respondió con indiferencia. Henry asintió, eso era algo más que obvio, lo que no podía comprender es por qué, un Hole está ayudando en montacarga. Si Loren lo viera haciendo este tipo de cosas de seguro, se enfadaría. Cómo sea, Aron siempre hacía las cosas a su modo. Henry soltó un suspiro como si aquello le trajera alivio. Cuando Loren apareció, Brian y Connor lo acompañaban uno al lado del otro. Ambos saludaron con gentileza a Henry, a Aron solo lo miraron con una negación llena de costumbre diaria, verlo hacer ese tipo de cosas se había vuelto normal. El único que no pareció encontrar palabras gentiles fue Loren. Miró a Aron y Henry. —¿Qué hacen? Henry se quedó en silencio. En el fondo sabía que algo como esto sucedería. —Ayudar. Aron fue quien respondió a la pregunta. Loren volvió a mirar el montacargas, luego a Aron y por último al gerente que parecía apenado. —Ahora eres un simple ayudante. —le habló a Aron. Aron subió una caja al montacargas. —Quién sabe, de seguro, sería más satisfactorio trabajar aquí. Loren apretó los labios con molestia. —Si tanto les gusta, recuérdame pagarles el salario de un ayudante. Aron se encogió de hombros. Pero Henry de inmediato protesto. —Me niego. —¿Estás en contra Henry? —preguntó Loren. Henry asintió enseguida. —Entonces, que les parece si hacen su trabajo y no el de los demás. Brian soltó una risilla. —Alguien amaneció de mal humor. Aron apartó la mirada hacia un lado mientras murmuro bajo. —Como siempre. Loren, que ya había comenzado a caminar, se detuvo y volteó a verlo. Su mirada oscurecida por la sombra del sol abrazador. —Dilo en voz alta. No ves que murmurar es para cobardes. —No he dicho nada que no sea verdad. Loren se acercó a Aron con una suavidad digna de una víbora. —Entonces dilo en voz alta. —¿Quieres que enumere tu falta de ética? Eres un bravucón que siempre anda de mal humor. Brian, Connor y Henry asintieron. Últimamente, Loren había estado de tan mal humor que era imposible hablar con él. La personalidad de Loren era complicada, sin embargo, era la primera vez que lo veían mantener por más de cinco días el mismo humor. El viento sofocante empujó la tela de la kufiya de Loren. Loren se pasó la mano por rostro quitándose la tela de la vista. —Sabes Aron, creo que eres el menos indicado para hablar de humor. Aron alzó una ceja. Pensó por un momento en reclamar, pero de pronto se calló, no quería perder el tiempo con nadie. La comisura de los labios de Loren se alzaron con satisfacción, Aron hizo justo lo que se esperaba de alguien como él, evitar lo complicado. —Eres tan simplista. —Loren, deja en paz a Aron. —pidió Brian. —Siempre hacen lo mismo. Discuten y quiénes las pasan mal, somos nosotros. Ya los conocían. Desde pequeños, Aron y Loren chocaban en discusiones que duraban semanas. Semanas en las cuales sus allegados soportaban de todo tipo de cosas, desde la indiferencia de Aron a la mala actitud de Loren. —¿Quién está discutiendo? Brian miró a su hermano con el ceño fruncido. —Ustedes quienes más. ¿Por qué discutieron esta vez? Brian estaba segura de que Aron era la razón del porqué Loren había estado de mal humor. Aron, que escucho aquello, pensó detenidamente. No recordaba haber discutido con Loren, al menos no de una manera tan grave. Supuso que podría deberse al tema de su boda. Loren, como siempre, no diría nada, tampoco cedería. Aron lo miró con cansancio. Siempre era así, del mismo modo, desde niños. Loren siempre causaba las discusiones y cuando nadie soportaba el ambiente, era Aron quien debía ceder y pedir disculpas. Normalmente, lo hacía por qué odiaba tener que perder tiempo y energía en cosas como estás, sin embargo, esta vez pensándolo mejor, aunque quisiera quitarse a Loren de encima, no podría. Le gustase o no, tarde o temprano, Loren tendría que aceptar su boda. —Si te molesta todo lo que está pasando con mi esposa, puedo pedirte perdón si eso te hace sentir mejor. Loren lo miró en silencio, un silencio frío. —Sin embargo, quieras o no, ella se quedará aquí. Conmigo. La sensación de comezón en el cuerpo no se debía al sol impactando en la piel, era algo que para Loren era más que fastidioso. No tener el control de las cosas. El camino hacia las instalaciones fue silenciosa, nadie de los presentes dijo una palabra, parecían sumergidos en su propio mundo. Aron miró todo el trayecto, el pasaje por la ventana de cristal. Loren se metió en la protección y los planos del ferrocarril con Connor. Aunque escuchaba la voz de Connor y podía entender la conversación, en la cabeza de Loren, había algo que lo estaba comenzando a fastidiar. Talvez porque pensó que sería fácil conseguir lo que quería. Se burló en la cara de Rubí, pensó que era una estúpida al retarlo. ¿Acaso no conocía con quién se había casado? Esa persona, era Aron, un hombre simplista que odiaba todo lo que se volvía complicado de manejar. Loren creyó que incluso si no hacía nada, tarde o temprano, Aron terminaría cediendo. Solo era cuestión de tiempo, después de todo, el temperamento de esa chica tarde o temprano saldrá a la luz. Con alguien tan complicada, lo más probable es que el mismo Aron se desasiera de ella. Aún creía que sería de esa manera. Sin embargo, no entendía por qué estaba tan molesto. Talvez porque quería que las cosas fueran más rápidas. Se sentía simplemente incómodo pensar en que alguien como Aron estuviera casado. Lo podía pensar incluso de Henry o de cualquier persona, pero de Aron, no. Aunque si comparaba a Aron con Connor, se podría decir que es lo mismo. Loren miró a su tío delante de él. Incluso ahora, le parecía sorprendente que Connor se casará con alguien. Entonces, Loren se iluminó. No era Aron o Connor, era la persona con la que estaban. Con Connor fue diferente, al comienzo León no le agrada, su desagrado y decepción escaló al grado de que Loren hubiera preferido que si un Hamilton se casará con su tío Connor al menos fuera el mayor de ellos, Dan Hamilton era una persona más adecuada que León. Por supuesto, León se quedó y supo cómo adaptarse a Halow a la perfección, aunque seguía siendo una persona fuera de su agrado, al menos era soportable, por otro lado, estaba Rubí, alguien desagradable, su simple presencia era como olfatear algo putrefacto. Alguien sin vida, sin color. Eso era, una mujer que no estaba destinada a alguien tan simplista como Aron. Loren sintió como la nube oscura se disipó y salió nuevamente el sol sobre su cabeza. Esa chica es el problema, si Aron estuviera con otra persona no habría problemas. CONTINUARÁ.
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