Llegar a casa siempre era una alegría para mí, algunos cambios se habían hecho en casa y sin duda era un hogar y no necesariamente por el lugar, sino porque las personas que vivían aquí. Valeria. Su jardín estaba quedando genial, con más y más flores. Ella amaba las flores. Aunque en muchos aspectos no éramos una pareja, sino más como dos personas intentando convivir, pues ella un día estaba de buenas conmigo y al siguiente pues ya era yo de nuevo el villano ante sus ojos, los cambios eran muy rápidos y no lograba acostumbrarme a una faceta cuando ya estábamos entrando a otra. Aún así, todo era extremadamente agradable, porque yo tomaba lo que sea que ella me diera, sin quejarme, sin…decir nada. Pero a la hora de dormir juntos, aquello era demasiado. Mi cuerpo reaccionaba de una

