—Vamos, Valeria. ¡Solo será un desayuno! —Quedé bien con la pera. —No puedes hacerme quedar mal de ese modo. ¡¿Una pera?! —No es mi culpa que tu comida sea insípida. —¿Pero a qué te refieres exactamente?—la seguí hacia la cocina, mis ojos se fijaban en sus piernas desnudas, aquella camiseta blanca mostraba el color de sus bragas, el movimiento de sus nalgas o lo demás que mi mente imaginaba. Abrió la nevera y señaló lo que había dentro. —Este pavo no sabe a nada, el queso por igual, la leche es de cabra, hay demasiados frutas, el pan es integral y el cereal no tiene azúcar. ¡No tiene azúcar! ¡¿Y cómo voy a mezclar cereal con leche de cabra?! —Hay también de almendras, ¿no te gusta?—aquella idea pareció peor, entró un dedo en su boca y fingió que vomitaba. Ya sé a qué se refería co

