Apenas Sofía salió de la empresa Lombardi, le indicó a su chófer que la llevará a una tienda. A pesar que siempre estaba en la calle, cada momento de su día se acordaba de ellos, y más después de que él pasado retumbó en sus oídos recordando a su primer hijo. Se bajó del auto y se paró en frente de una tienda de juguetes. A sus hijos le encantan los juguetes armables, y a la niña le gustaban más las princesas de colores, y aunque tenía muchas nunca eran pocas para los tesoros de su vida. Pidió varios juguetes, y subió al auto, sin saber que Alejandro estaba detrás de ella. El necesitaba saber dónde vivía, necesitaba saber más cosas de Sofía. —¿Qué compró? —le preguntó a su guardaespaldas que la había seguido hasta el interior de la tienda. —Compró juguetes para niños, señor —Lombardi l

