Pov Sara. El mareo que siento con cada paso que doy, es brutal, pareciera que hubiera bebido toda la noche, o que me hubieran inyectado un veneno letal. Agarro mi estómago y suelto todo lo que desayuné en el inodoro del baño de la clínica. No puedo seguir así, he perdido mucho peso, y todo lo como, lo vómito, además de que mis mejillas han perdido el rosa que le caracteriza, mis labios están pálidos y mi cuerpo débil. Salgo del cubículo del baño y me miro en el espejo. La cicatriz que tengo en mi mejilla es espantosa, no tanto como la que tenía Sofía, pero sí lo suficiente como para sentirme un monstruo. Una lágrima espesa sale de mis ojos al verme; si no fuera por la cirugía que me pagó Román, estuviera peor, fuera eso que tanto desprecie, eso que sigo odiando por el hecho de que todo

