Sofía había viajado para el asilo, necesitaba ver de nuevo al anciano de la última vez, además le llevaba los libros que le había dicho. Caminó por los pasillos, y sin decir su nombre llegó hasta la oficina de la directora. Iba a tocar la puerta pero la voz de Ágata Miller la detuvo en seco. «¿Qué hacía ella ahí? ¿Y por qué le estaba entregando dinero a esa mujer?», fue lo que pensó al escuchar lo que ellas hablaban. —Ya está todo listo, exactamente como me lo pidió, señora Miller —explicó. —Muy bien, aquí está tu pago, cómo acordamos en efectivo —respondió Agata después de entregarle un sobre con una buena cantidad de dinero. Los latidos del corazón de Sofía se aceleraron enseguida, algo dentro de ella se removió al ver a su madre ahí, su sexto sentido le decía que algo no andaba bien

