—Señorita, un gusto verla —Sofía se giró para mirar al doctor que hace unos días le había dado su tarjeta. Ella había salido a comprar alimentos para la despensa, ya que Alejandro a pesar de tener mucho dinero no tenía sirvientas que la atendieran o que hicieran los mandados de la casa. —Doctor Cooper —sonrió ella bajando la mirada. Aún le apenaba que vieran su rostro. —Oh, un gusto saludarte, quise contactarte, pero creo que no vives en la ciudad —dijo el sonriendo. El doctor Cooper era un hombre muy guapo, y amable. —No, vivo lejos de la ciudad, solo he venido a comprar alimentos para la despensa —respondió con amabilidad. Cooper se quedó observando a Sofía, le parecía una persona infeliz e insegura a pesar de ser muy hermosa. «Tal vez sea por su rostro», pensó con detenimiento.

