Segunda Bitácora capítulo 6: "La constelación de la osa mayor y la osa menor"

2005 Words
Costo del campus principal de la Universidad de Virginia El costo promedio anual de asistencia, después de la ayuda financiera, es de $20,507. La matrícula estatal es de $19,244.00, mientras que la matrícula para estudiantes fuera del estado es de $53,626.00. La matrícula promedio varía según el ingreso familiar: Es de $8,987 cuando el ingreso familiar es menor a $30,000. Es de $7,775 cuando el ingreso familiar está entre $30,001 y $48,000. Es de $14,589 cuando el ingreso familiar está entre $48,001 y $75,000. Es de $21,123 cuando el ingreso familiar está entre $75,001 y $110,000. Es de $28,880 cuando el ingreso familiar es mayor a $110,000. La matrícula promedio que se muestra aquí se basa en los costos NETOS para los estudiantes que reciben ayuda financiera. Para la clase entrante, el 22.50% de los estudiantes recibieron un préstamo estudiantil federal y el 14.19% de los estudiantes recibieron una Beca Pell. La matrícula es de $53,626.00 sin ayuda financiera, o el descuento de matrícula estatal. Suspiré mientras apagaba el móvil que Judah me entregó. El móvil que llevaba dentro de mi valija al parecer se convirtió en desecho. No resistió después de estar un año apagado. Tengo en claro que Judah es rico, pero mi familia… Ni siquiera sé cómo son y pedirle dinero en nuestra primera reunión no suena muy agradable. La Universidad de Virginia se rige por un código de honor. Después de la tercera infracción, estás fuera para siempre. Hay demasiadas actividades extracurriculares: deportes y atletismo, organizaciones y clubes dirigidos por estudiantes, servicio voluntario y comunitario, música y artes escénicas, oportunidades de investigación y actividades al aire libre y de aventura. Ni siquiera sé si seré capaz de llevar el ritmo en mi primer año, debería olvidarme de ellas al menos el primer año. Judah dijo que viviríamos dentro del campus, eso quiere decir que vamos a formar parte de una fraternidad y hermandad perteneciente al campus. ¿Cómo lo hizo el? Soy una mujer, y las mujeres deben pasar por un proceso de reclutamiento, según mi investigación. ¿Qué hubiera pasado si fuera reclutada antes de que mi mente se volviera una masa sosa? ¿Qué se supone que hice? Judah tambien dijo que mis conocimientos están dentro de mí, lo cual no es tan descabellado. Desde que comencé a recuperarme, pasaba la mayor parte de mi tiempo en la biblioteca del hospital y después de leer varios libros, mi mente se volvía más clara, distintos conocimientos surgían en mi mente. Pero una semana es un tiempo muy corto para recuperar una vida de estudios. Ni siquiera recuerdo cómo hablar correctamente el inglés americano. La cara de Judah fue un poema cuando practicamos cómo mantener una charla. Fue demasiado impactante para él. Estoy segura de que no tenía ningún pendiente universitario. Él solo huyó. Toc, toc… “Si eres Judah, puedes irte, traidor”, le reproché con resentimiento. Sé que es él. La puerta se abre. “¿Creí que ya no serías un pez globo?”, le arrojé una almohada que atrapó sin dificultad. “Lo tomaré como que continúas enojada”. “¡Sal de mi habitación, Anderson! Estoy segura de que tu conciencia se la comió el perro, gilipollas de la cuarta enmienda”. “Bien, estás muy enojada, por eso traje algo para ti”. Cuando estoy a punto de arrojar el despertador, me detengo. En sus manos lleva un sobre como el que me entregó en el coche. “¿Cuántas cartas hay?” “Unas pocas. Me pediste que las entregara gradualmente a ti. Dependiendo de las decisiones que tomes. Como decidiste asistir a la universidad, debo entregarte la próxima”, Judah toma una bocanada de aire. “No tenía ningún pendiente universitario, en realidad estaba buscando la carta, no recordaba dónde la había guardado y era vergonzoso decirlo”. Los ojos azules que suelen brillar parecen apagados. “¿Estás bien?” “Estupendamente. Además de la carta, tenía otro motivo para venir aquí”. “Soy toda oídos”, doblé mis orejas y se las enseñé. “Necesito pedirte un favor, Allysa”. “Claro”. “Esta noche tendré visitas, no salgas del cuarto”. “Entiendo. Haré lo posible por no hacer ningún ruido y no ser notada”. “Gracias”. Antes de que pueda seguir hablando, Judah se levanta y abandona la habitación. Empecé a divagar sobre el posible visitante de esta noche. ¿Sería un amigo o amiga? ¿Un compañero o compañera? ¿La mesera del otro día? Judah fue muy claro, él no está interesado en ella. Además, no es de mi incumbencia quién sea su visita. Él está haciendo demasiado por mí con el hecho de que me permite quedarme, siendo mi futuro tutor y ayudándome con mi papeleo de la universidad. ¿Debería donarle un riñón para pagar mi deuda con él? El sobre se resbaló de mi mano y terminó debajo de la cama. Con la linterna de mi teléfono, no fue difícil hallarlo. Abrí el tercer cajón del escritorio y encontré la agenda: Mi cielo estrellado. Apoyé mi mano en mi pecho, abrí la agenda. La primera carta, giré la hoja, rasgué el nuevo sobre, “La constelación de la Osa Mayor y de la Osa Menor”. “¿Estás preparada, cariño?”, era la pregunta, el escudo de mamá que utilizó por años para esconder su temor. Sus manos sudaban mientras sostenían las nuestras. “Mamá te ama y estará aquí. No tengas miedo”, repetía una y otra vez mientras intentaba mantener su extraña sonrisa que esconde sus miedos. Ella solo quería protegernos, intentando que no nos lastimaran. Cargar nuestro sufrimiento. Nuestras primeras palabras, nuestros primeros pasos, cuando deseamos volar, eran los brazos de mamá que nos resguardaron. El jardín de infancia, el primer día del instituto; siempre ella, sus brazos. “Estoy lista”, ha sido mi respuesta, pero en realidad ni ella mucho menos yo estuvimos listas. Ninguna persona lo está. Papá también trabaja duro, se esfuerza a diario por no llorar. La primera vez que vi llorar a papá como si fuera un niño fue cuando fuimos ingresadas por primera vez al área de urgencias del hospital B.C. Nadie estuvo listo para ese día, cuando insistí que mis ruedas de apoyo traseras en nuestra bicicleta ya no eran necesarias. Con 4 años, definitivamente éramos la princesita mimada de nuestra familia. Ese día llevaba mi vestido favorito, color rosa con diminutos moños. Insistí a Zayn que me ayudara a recoger mi cabello en dos bellas trenzas. Ese día logramos poner la casa patas arriba, con el crédito de Boster, la personificación de la majestuosidad de la raz@ Gran Danés. Esa tarde, nuestro gran cachorro de 9 meses se había entretenido en el parque de nuestra casa, muchos agujeros que no eran pequeños y que claramente no vimos. Estaba muy emocionada, pero el horror llegó demasiado pronto opacando nuestra felicidad, la rueda delantera fue tragada por el imponente pozo, los girasoles del jardín hicieron un gran trabajo amortiguando el poderoso golpe. Aún así, mis rodillas y codos sangraban al igual que mi frente. El grito de pánico de mamá al vernos desató el terremoto. Papá nos cargó en sus brazos, mientras hacía lo posible por no llorar, si no hubiera sido por nuestra madre que lo detuvo, lo más probable era que hubiéramos llegado al hospital corriendo con papá, mientras nos protegía del viento. Era otoño, las hojas caían mientras el viento nos azotaba sin piedad. Nuestros hermanos hubieran corrido detrás de él, fue una escena desopilante la que surgió, nuestra nana, junto al mayordomo y mamá corriendo detrás de nosotros en un intento de detenerlos. Los hombres de nuestras familias son increíbles, sin duda los mejores. Entonces… … ¿Cómo podíamos decirlo? Distintos hospitales, muchos especialistas, una variable de la misma respuesta: “No hay cura”. “En un 85% de los casos, los medicamentos son inútiles”. “Podríamos intentar retrasarlo”. “No existe un tiempo estimado de vida, un día o dos, una semana o un mes; medio año, 8 meses o tal vez un año o más”. “Un milagro solo otorgaría un poco más de tiempo”. “Cuando ocurra un fallo sistemático significa que se terminó”. ¿Cómo podrían ser repetidas esas palabras ante las personas que velaron día a día por nuestra felicidad? Quienes no podrían aceptar ese resultado, quienes jamás renunciarían a nuestra vida. ¿Cómo decirles que siempre me duele? Que el dolor no desaparece, nunca mengua, siempre crece. Cada día es más doloroso, la infraoxigenación te desgarra por dentro, la anestesia se vuelve tan inútil. Mientras intentas no colapsar mientras te mantienes en pie. Comprendía que estaba demasiado enferma, y que no serían capaces de soportarlo, que mi sufrimiento los atormentaría aún cuando dejara de vivir. Las palabras se atascaban en mi garganta, apretaban fuertemente mi laringe. “Mamá, moriré”, aquellas palabras decidí que no podrían ser dichas. La Osa Mayor y la Osa Menor fueron nuestra decisión en un intento de volver eterno el amor. Que no será desvanecido por el tiempo. Aunque ya no nos reconozcan, aunque nos hayamos vuelto indignas de pertenecer a nuestra familia. Deseábamos su felicidad y fue nuestra oportunidad de protegerlos aunque nos desmoronamos en el camino recibiendo al 1000% el daño colateral. Fue la única forma que encontramos para agradecerles por ser nuestros padres, por ser nuestros hermanos, por amarnos y volvernos una mejor persona mientras nos brindaron todo su amor. Aunque no podamos volver a verlos, ellos por siempre formarán parte de Allysa Poole. Te preguntarás: “¿Por qué la Osa Mayor y la Osa Menor?” Su historia de nacimiento está basada en la mitología griega que nos cuenta la historia de Calisto, una cazadora que pertenecía al cortejo de Artemisa, diosa de la caza, para lo cual adoptó un voto de castidad. Zeus, el dios principal del Olimpo, se enamoró de ella y Calisto se quedó embarazada de él, dándole nacimiento a Arcade. Cuando la esposa de Zeus, Hera, se enteró, se enfadó mucho y él, para proteger a Calisto, la convirtió en osa. El destino hizo que Arcade se cruzara con su madre, ya convertida en osa, y como no la reconoció la apuntó con un arco y una flecha. Cuando estaba a punto de disparar, Zeus intervino y también convirtió en oso a Arcade (la Osa Menor). Para que ambas no se arañaran con sus garras, las agarró por la cola y las lanzó al cielo. Para salvar a su amante y a su hijo, Zeus transformó a Calisto en una constelación, la Osa Mayor, dándole así la inmortalidad a la madre e hija. Cuando Hera supo lo que había ocurrido se enfureció aún más. Fue a ver a su hermano Poseidón, dios de los mares, y le pidió que ni la Osa Mayor ni la Osa Menor pudieran bañarse en aguas celestiales: por eso ninguna de estas dos constelaciones desaparece nunca bajo la línea del horizonte. Son las constelaciones que podemos ver durante todo el año en el cielo. La estrella polar, en la cola de la Osa Menor, es conocida como la estrella del Norte, estrella fija en el firmamento, ya que el eje de la tierra apunta hacia ella. Estrellas que nunca desaparecerán del cielo. Decepcionar a nuestros padres, recibir ese golpe de mamá fue lo más doloroso que nos tocó soportar. Ese día que creí que mis pulmones no volverían a funcionar. No fue tan doloroso como ver descender las lágrimas de mamá. Un amor que nunca desaparece, son las personas que amamos. No podemos olvidarlos. Somos Allysa Poole. Hija de Elin Nielsen y Mark Poole, hermana menor de los gemelos Poole, Kohen y Jayden. Como del increíble Zain Poole, el mejor hermano mayor del planeta tierra y del universo entero.
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