―Mónica, por favor, si te falta algo, solo tienes que decirlo, no te calles nada, ¿está bien? Nicole, como tantas veces en esos seis meses desde que la dejaron en Grecia, había llamado a su exempleada para saber cómo le estaba yendo con Klaus. ―Sí, señora Nicole, no se preocupe. ―Y no me llames, señora, no me gusta ―protesta una vez más. ―Lo siento. ―Pero, dime, ¿de verdad Klaus te trata bien? ―Como reina. ―Ríe la joven―. Tengo un profesor que me enseña el idioma, así podré validar mis estudios aquí y trabajar. No le gusta mucho la idea, dice que no lo necesito, pero yo no quiero ser una vaga ni una mantenida y él lo entiende y lo acepta. ―¿Sigue tan enojón? ―No, para nada, bueno, siempre es un poco mandón, pero no conmigo. Conmigo es un sol, ríe mucho y ya no anda detrás d

