Nicole no logra reaccionar de inmediato a esas dos palabras de su amigo. “Se acabó”. Dos simples palabras que encierran demasiado. ―Cristóbal, por favor, ¿estás hablando en serio? ―Sí, Nicole, ya no la soporto, no le importa nuestro hijo que viene en camino, no le importa nada. No sé quién es la mujer con la que estoy casado. Ella era tan... ―¿Perfecta? ―Sí. ―La mira con frustración. ―¿Nunca pensaste que era demasiado perfecta para ser verdad, que la perfección no existe? Cristóbal aparta la mirada del rostro de su amiga. ―Creo que me cegó el amor ―declara culpable―, pero sigo creyendo en la muchacha de la que me enamoré, esta de ahora no es ella... Sé que son la misma, pero no puedo creerlo y me siento culpable por pensar que nunca la amé como realmente era, sino que me enam

