Sentados ante la mesa de la cocina, Gus mira a Evelyn dar mil vueltas con su tenedor la comida que había puesto ante ella. ―¿No tienes apetito? Llevas dos días sin comer. Evelyn no contesta. Ni siquiera levanta la vista. ―¿Te vas a matar de hambre? Cero respuesta. ―¿Estás en huelga de hambre? Porque si es así, tienes que desplegar tus peticiones, de otro modo, no tiene sentido. Las palabras de Gus se pierden en el aire, sin reacción por parte de la mujer. ―¿Qué es lo que pretendes, Evelyn? La mujer deja caer el tenedor y se echa hacia atrás en la silla. Mira fijamente el plato de comida. Tiene hambre, se le nota en la mirada, pero su terquedad le impide comer. ―Bueno, si no quieres comer... ―Gus alcanza el plato de Evelyn y comienza a comérselo él. ―¿Puedo saber por qué

