Eiji Tanaka Hundo el pie en el freno deteniéndome en la carretera vacía. Las luces del auto es lo único que nos ilumina y ella no ha dejado de limpiarse los ojos desde que me enteré. — ¿Te gusta mi hermano? —Indago— ¿Te gustaba lo que te hacía? El silencio nos toma. Me siento mal sin tener nada que ver en el asunto, sin ser yo el que cometió el acto. —Te hice una pregunta, ¿Te gusta mi hermano? —No —contesta despacio—. Me obligó, ya te lo dije. —No te creo —dudo, ella no es su tipo. A él le gustan como Ana Laura. Empiezo a encerrarme a lamentar la disputa a la vez que mi subconsciente exige que le pida perdón. —No me gusta tu asqueroso hermano… —No te creo —niego de nuevo— ¡No te creo, maldita sea! — ¡No me gusta! — ¡¿Si no te gusta por qué te lo callaste?! — ¡Porque es uno de

