Ella sonrió con indiferencia. —Pueden irse ahora. No queremos entretener a los invitados hoy. ¿Invitados? ¿Ella los llamó invitados? ¡Eran sus padres! Adriana se estremeció, el pánico la invadió y, sin pensar, exclamó: —Bella, lo siento mucho. ¡No debió ser así! Pero quiero que vuelvas… quiero que tú y Ana sean hermanas cariñosas. Pasaremos un tiempo feliz juntas como familia. Quiero que seamos así. Créeme, por favor. Esta vez, Adriana quiso decir cada palabra. Adriana estaba aturdida por un arrepentimiento abrumador y sentía un dolor en el pecho cada vez que respiraba. Isabella la miró con una sonrisa fría e inexpresiva. Sonrió con contención, burlándose de cada palabra: —¡Estás soñando despierta! No solo quieres que regrese, sino que además quisieras que yo me quedara con Ana. S

