Christopher estaba convencido de que los amigos de Alexander no podrían ocultarle nada, dada la frágil lealtad que había entre ellos. Y, como era de esperarse, obtuvo la misma respuesta de los tres: ¡Alexander estaba en una relación! Al escucharlo, su mente se llenó de asombro. “No ha mostrado interés en una mujer en años… ¿y ahora, de repente, tiene novia? ¡Es como ver a un monje renunciar a su fe para casarse!” La noticia le resultaba tan increíble como absurda. Christopher quiso obtener más detalles, pero los tres jóvenes se negaron a decir una sola palabra sobre la chica. Eso solo aumentó su curiosidad. Moría por saber quién era la mujer que había logrado derribar las murallas de su hijo. Sin embargo, antes de poder investigar más, el viejo señor Montgomery lo interceptó para un

