Chelsea la miró con indiferencia. —Deja de mirar fijamente. ¡Estoy harta de tu mirada vil! Michelle se sintió humillada, pero no se atrevió a responder. Solo apretó los dientes y se marchó. La transferencia ya estaba confirmada. Carl no pudo retener a Chelsea en su clase, aunque llegó a suplicarle al director que interviniera. Al día siguiente, después del traslado de Chelsea a la Clase Diez, Jimmy Yale regresó. Se veía irreconocible. Normalmente vestía ropa de marca y se comportaba con arrogancia dondequiera que iba. Ahora lucía cansado, débil, con las mejillas hundidas y los ojos enmarcados por profundas ojeras. Se rumoraba que la empresa familiar había sufrido un duro golpe y estaba al borde de la quiebra. Todo había sucedido demasiado rápido, como si alguien hubiera movido los h

