Isabella ignoró las miradas curiosas a su alrededor. Sonrió con suavidad y dijo con voz firme pero amable: —He tomado una decisión y estoy preparada para asumir cualquier consecuencia. Quincy la observó con preocupación, pero finalmente decidió confiar en ella. Conocía bien a Isabella: una chica segura, talentosa y con una determinación poco común. Así que, aunque su corazón de maestra temía por ella, respetó su decisión. En el pasado, varios decanos de prestigiosas maestría de la capital ya habían manifestado su interés en reclutar a Isabella antes de tiempo. Eso demostraba que su talento estaba muy por encima del promedio. De hecho, no tenía sentido que una estudiante de universidad con sus capacidades perdiera tiempo en los cursos. Tras conversar con Quincy sobre los trámites del S

