Molly tenía una expresión complicada. No podía creer que Alexander fuera tan descarado. Se cubrió la cara con las manos, avergonzada de solo mirarlos. Antes de que él llegara, se había quejado de que Alexander era demasiado pasivo… Pero ahora descubría que ya se había conseguido una novia, y no solo eso, sino que se comportaba como un hombre completamente distinto. —¡Fue tan rápido que ni siquiera me dio tiempo de asimilarlo! —murmuró para sí, aún incrédula. Luego lo miró con severidad. —Alexander, ¿no vas a explicarte? Isabella apoyó los codos sobre la mesa, descansó la barbilla en las palmas y lo observó con sus ojos brillantes, una sonrisa dulce y una voz suave que parecía inocente. —Sí, Alexander, ¿no vas a explicarte? —repitió, como si solo tuviera curiosidad. Las palabras de

