Esa mañana, al despertarse, Isabella comenzó a charlar tranquilamente con Chelsea. Sin embargo, la conversación fue interrumpida cuando uno de los sirvientes de Molly llamó para informarle que la princesa no estaba satisfecha con el vestido y que sus comentarios crueles habían enfurecido a Molly, provocando una pelea entre ambas. —¿Solo me voy por un día y ya están peleando otra vez? —pensó Isabella, frotándose las sienes con cansancio. Sin perder tiempo, se dirigió rápidamente a la villa de Molly. Desde la calle ya se escuchaban los gritos de la princesa. Su voz chillona resonaba por todo el vecindario, transmitiendo perfectamente su furia. Cuando Isabella entró a la habitación, su expresión era fría y serena. La princesa, que un instante antes estaba maldiciendo, se quedó en silenc

