Jason maldecía en silencio fuera del auto, murmurando entre dientes: —Te voy a matar... ¿cómo puedes ser tan desvergonzado? Después de haber visto cómo su visión del mundo y sus valores se derrumbaban y se reconstruían una y otra vez, Jason ya se había resignado a aceptar un hecho imposible de negar: Alexander, aquel hombre siempre frío, noble y contenido, podía volverse completamente tentador y descarado cuando estaba enamorado. Y, por si fuera poco, tenía que conducir para él, aunque cada célula de su cuerpo se negara a hacerlo. Era su trabajo como asistente… no tenía opción. Por suerte, Alexander no pasó de tomarle la mano a Isabella, limitándose a eso. Nada más. --- Más tarde, Isabella fue a la casa de Alexander a darse un baño antes de regresar a la suya. Después de ducharse,

