Pero tan pronto como Cynthia sintió la mirada de Isabella, se sobresaltó y salió apresurada, como un pajarillo asustado. Isabella la observó, desconcertada, y frunció el ceño. ¿En serio? Soy tan linda… ¿por qué me tiene miedo? pensó, incrédula. Unos minutos después, una sirvienta llegó con unas tijeras y le pidió que eligiera las flores que más le gustaran. Isabella no rechazó la invitación. Si la anfitriona quería obsequiarle flores, sería descortés negarse. Eligió una rosa blanca perfecta, pura y delicada. Las flores hermosas están hechas para personas hermosas, pensó con una leve sonrisa. Más tarde, cuando el lugar se despejó y había menos gente, decidió visitar a Jim. En el pasillo se encontró con Alexander, que la esperaba apoyado en la pared. Sin decir nada, le extendió la ros

