No debería haber mentido desde el principio. Ahora había causado un malentendido, y quién sabía cuánto daño más podría traer esa mentira en el futuro. Isabella lo miraba, esperando una respuesta, mientras mordisqueaba un bocadillo para calmarse. Finalmente, Alexander habló con cierta vergüenza: —Te dije que tenía una amiga, pero era mentira. No existía esa amiga. Desde el principio, solo quería ayudarte porque me pareciste linda y delicada… pero no quería presionarte demasiado, así que inventé eso. Dijo esas palabras pensando que agradarían a Isabella, intentando calmarla en su enojo. —¡Aaagh! —Isabella no pudo contenerse y, sin querer, le escupió toda la comida en la cara. Sus ojos se abrieron de sorpresa. Lo miró con una expresión indescriptible y, tras un largo silencio, forzó las

