Isabella sintió el impulso de arrancarle el pijama, pero enseguida descartó la idea al recordar que estaba frente a un Todopoderoso. En silencio, preparó otro medicamento para uso externo. El leve aroma de las hierbas impregnó la habitación, calmando la mente de todos los presentes. Cuando terminó, retrocedió unos pasos y dijo con serenidad: —Eso es todo. Tome el medicamento esta noche y mañana podrá moverse con normalidad. Alexander no la dejó marcharse de inmediato. Ordenó a otra persona realizarle un chequeo completo. La sala estaba equipada con instrumentos y herramientas más avanzados que los de los principales hospitales. De pie junto a Isabella, el doctor Lance mantenía el rostro inexpresivo, aunque su tono rebosaba sarcasmo: —Pronto todos verán que eres un fraude. Esperaba

