La decoración interior era completamente moderna y de alta gama, pero al mismo tiempo transmitía una sensación cálida y animada. Isabella encontró a su paciente en la última habitación del tercer piso. La amplia sala tenía un estilo sobrio y sencillo. Un hombre yacía en la gran cama cubierta con una sábana gris, mientras un médico de mediana edad, con bata blanca, permanecía junto a él. Jason Yale, quien había conducido a Isabella hasta allí, llamó a la puerta con expresión imperturbable. —Alexander, la doctora Dónovan está aquí. Al escuchar aquello, el médico dentro de la habitación le lanzó a Isabella una mirada cargada de hostilidad y dijo con arrogancia: —¿Es usted la famosa doctora Dónovan? Isabella frunció el ceño. Estaba a punto de responder, pero la voz ronca y débil de Alexa

