Jason sonrió pero no respondió. Quedó a la espera de la llamada de Isabella para ver cómo percibiría la situación. Isabella se ajustó las correas de la mochila con ambas manos y caminó con paso firme hacia el plató. Iba a comprobar si Alexander estaba bien. Si él lo estaba, lo ignoraría y lo dejaría seguir molesto. Si no, averiguaría qué hacer. Jason no la siguió; subió las escaleras. En la puerta de la clase diez vio a Chelsea con el brazo vendado; sus ojos se humedecieron y entró sin pensarlo. Sacó a Chelsea del aula y todos comenzaron a cotillear, curiosos por el apuesto joven que la acompañaba. —¿Qué pasa entre ese hombre y Chelsea? —se preguntaban los alumnos, fascinados. Los ojos de James ardían de celos. «¿Cómo puede Jason entrar y sacar a Chelsea así?» Se apoyó con una mano y s

