—Cariño, Bella es nuestra hija. Dijiste que serías justa con ella, y hoy la has agraviado. Debes disculparte con Isabella. —Ana nunca me ha pedido disculpas —replicó Adriana de inmediato. Incluso cuando se equivocaba, Ana siempre se adelantaba a enmendarse para no avergonzarla. Eso hacía que le agradara más su hija de crianza que Isabella. —Pero esta vez la culpa fue tuya —insistió Tomás. Adriana no tuvo más remedio que asentir, aunque en su interior empezó a alimentar un resentimiento hacia Isabella. El incidente le dejó a Tomás un fuerte dolor de cabeza. Ya solo en su despacho, sacó el frasco de medicina. Pero Adriana lo sorprendió. —¿Qué son esas pastillas? —preguntó con desdén. —Bella me las dio para el insomnio. —No te las tomes. Ni siquiera sabes de dónde vienen. —Adriana frun

