Vale, lo admitía, estaba siendo algo más complicado de lo que esperaba este nuevo comienzo. Tras un mes de viajes incansables, donde poder retomar antiguos contactos laborales, no había encontrado la manera de anclarme a ningún lugar. A veces no estaba segura de poder enfrentarme a mi nuevo destino. Si, en muchas cosas nada había cambiado, pero yo, ya no era la misma persona. La Olympia Betancourt original ya no existía, al menos en la parte más aventurera y apasionada. La que ahora buscaba enfrentarse a sus fantasías más íntimas, en una nueva versión más cauta y menos decidida, pero estaba dispuesta a intentarlo. ¡Debía hacerlo! Me retaría una vez más, descubriendo hasta donde podría olvidar a quien mi cuerpo y mi mente seguía extrañando con cada aliento. Avancé decidida atravesand
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