La intensidad del dolor que sentía por oleadas, arrasando todo mi cuerpo, era incomparable. Fluía como si buscara partirme en dos, ¿acaso aquello era el temido corazón roto? Corrí a pesar de todo, presa de la desesperación hacia la ventanilla de la compañía de vuelo más cercana, intentando apurarme y no pensar en nada más, solo quería terminar con aquello que tanto daño me producía. Con una mano sujeté mi ahora molesta maleta y con la otra mi vientre, a sabiendas de que era un estúpido intento por mantenerme de una sola pieza y no acabar rompiéndome en mil pedazos. No tenía demasiado tiempo, ni siquiera para sentarme a pensar mis actos con la mente fría, debía alejarme y así, quizá, podría pensar en cómo actuar ante esta nueva realidad. ¡Peter tendría un hijo con Gisela! ya no podría t

