El vuelo se estaba haciendo eterno, pues habían pasado una cuatro horas y aún no aterrizábamos. Intentaba tranquilizarme y no pensar qué me encontraría al llegar. Quizá todo fuera tan perfecto como mi mente lo había planeado, o quizá aquello fuera el principio del final. Resoplaba de pura ansiedad, haciendo que mis compañeros de fila me miraran de soslayo en ocasiones. Irracionalmente, me mostré distante, no quería darles pie a conversar, pues era una hermosa pareja de enamorados que parecían estar comenzando su particular luna de miel. Algo que me hacía pensar en demasía lo que extrañaba a mi ahora, novio. Uf, tendría que acostumbrarme tarde o temprano a esa palabra, pero todavía la tenía medio atascada en mis pensamientos y mi boca parecía ser rehacía a solarla con fluidez ¡Qué le ib

