Sonreí irónica y algo pagada de mí misma viendo que Peter era quien se ponía nuevamente a mis pies, dispuesto a pasar una velada más atado a mis encantos. Primero me invitaría a una copa, luego, quizá, volvería a buscar meterse en mi cama. ¡Típico! Una parte de mí dudaba de que fuera lo adecuado, otra me empujaba a no desaprovechar la oportunidad de obtener más de lo que él podía darme. Una noche incesante de placeres, fantasías y orgasmos. ¿Cómo iba a resistirme! Tomé mi segunda copa, ahora en su compañía silenciosa y su mirada penetrante. Ya casi podíamos saber con exactitud la finalidad de nuestros pensamientos, ambos rememorábamos lo intenso de los placeres que experimentamos cuando nos dejábamos llevar. -Creía que te habías cansado de mí, pero por lo que veo ahora te has convert

